Let there be music


Una gran discoteca no es un local enorme donde bailar hasta morir, como cantaba Fangoria en su versión de Tino Casal del disco "Interferencias" (1998) -empiezo bien, con apuntes friquis a la primera de cambio-, sino una biblioteca musical construida durante años. 40, más o menos.

Esa es mi discoteca.

Un castillo de sonidos construido a base de cintas, vinilos, cedés, deuvedés, algún blu-ray, libros, fanzines, revistas, entradas de conciertos, pases de prensa para festivales, packs de coleccionista, ediciones limitadas, crónicas propias y ajenas, reportajes, entrevistas, rarezas, suscripciones, cachivaches, auriculares, regalos, huecos, experiencias, conquistas, partituras, instrumentos, altavoces, herencias, olvidos y modas.

Ese es mi castillo.

Si entras, encontrarás un océano de sonidos. Estilos de todo tipo, grupos famosos, cantantes de otro mundo y otros de los que jamás habrás oído hablar, recuerdos, opiniones, sugerencias, fotos, enlaces, listas de reproducción (habrá una en la portada permanentemente y en constante evolución) y lo que haga falta.

El que avisa no es traidor.

Esta es mi música.

El compás del mar.

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